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EL PARTIDO DE LOS HONESTOS

Difícilmente Elisa Carrió encuentre su lugar en el mundo político. Forma parte del escasísimo grupo de dirigentes a los que les gustaría reunir a gente de izquierda o derecha indistintamente en un único Partido contra la Corrupción. Pero la realidad ha demostrado que las comunidades de personas que forman los partidos políticos se unen alrededor de ciertas ideas, normalmente ligadas a la economía, antes que en torno a líneas de conducta regidas por las ciencias morales. Es más, países como la Argentina no penalizan la corrupción en las urnas, excepto que marche acompañada de un mal manejo de la economía o de la falta de carisma de un candidato. Así las cosas, pese a que vive manifestando su indignación por los actos venales de sus representantes, el “pueblo” termina comportándose como los jueces a quienes denosta: los poderosos obtienen tantos votos en las elecciones como impunidad en los tribunales. La prédica de las Carrió, las Ocaña, por citar los dos ejemplos más notorios, tiende entonces a caer en saco roto. La decencia pública es un concepto cultural antes que un imperativo ético, y por lo tanto un Partido de los Honestos resulta ni más ni menos que una utopía.