• Jorge Cuadrado

EL DORSO AUSTRALIANO


Es lo primero que llama la atención de Australia: todo luce al revés. Como el volante está a la derecha, los australianos, como los ingleses, manejan por la izquierda. Cuando los desprevenidos peatones miramos a un lado, el tránsito viene de otro, manejar se convierte en una tarea costosa, por los continuos roces de las llantas izquierdas contra los cordones, y hasta peligrosa cuando entramos a las rotondas por el lado equivocado. Mirar de golpe genera la sensación de que a los coches australianos los manejan fantasmas. Pero esta no es la única curiosidad que nos aportan los autos australianos. Ni la más importante. Es que este país, con uno de los promedios de ingreso por habitante más altos del planeta, ya no tiene industria automotriz. Las últimas fábricas cerrarán el año que viene. Holden, una firma originalmente australiana que ahora es de General Motors, y Toyota, la marca más vendida del país. Como hacer autos les sale caro, por el costo de la mano de obra, y el tamaño del mercado (25 millones de habitantes) parece no justificarlo, van a importar el cien por ciento de su parque automotor. No es algo que preocupe mucho en este otro culo que tiene el mundo. Mayor preocupación es que no muera gente en las rutas. Para eso trabajan en un programa sostenido desde los ´70 que los ha llevado a ser uno de los países con menor índice de accidentes en el mundo. El sistema para otorgar permisos de manejo, por ejemplo, es durísimo. Un primer examen habilita sólo a manejar acompañado. El segundo permite deshacerse del acompañante bajo ciertas condiciones, como no superar los 80 kilómetros por hora. Conseguir esos carnets demora entre 6 meses y un año, dependiendo del estado que lo emita. Ya si uno pretende un carné todo servicio tendrá que esforzarse casi dos años para conseguirlo. Semejante nivel de instrucción y de cultura al volante permite reducir drásticamente los costos de insfraestructura vial destruida en accidentes, horas/médico, uso de vehículos de emergencia y transporte de heridos y material hospitalario y horas de trabajo de policía e inspectores de tránsito y volcar ese dinero a mejorar las rutas y la cartelería. El que piensa primero, suele pensar dos veces.