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LINCHAMIENTO SIGLO XXI | Por Jorge Cuadrado


[12:51, 24/1/2018] Nico Chamas: Según la Real Academia Española, linchar es ejecutar sin proceso y tumultuariamente a un sospechoso o reo. Wikipedia lo completa de este modo: normalmente, el linchamiento es un acto que está fuera de la ley y penado para proteger el orden público, ya que el Estado debe defender su monopolio de la fuerza. Se suele producir de forma espontánea por motivos sociológicos concretos. En las lapidaciones pre cristianas, el pueblo manifestaba su furia ayudando al Estado a apedrear gente hasta pagar con la muerte una supuesta culpa. Desde entonces el mundo progresó. Jesús de Nazareth habló del perdón y llamó a amar al prójimo “como a ti mismo”. El humanismo advierte que la condición humana se manifiesta, entre otras cosas, en la piedad, la compasión, la asistencia al débil, al herido, al enfermo. La pena de muerte ha ido cediendo terreno. Miles de representantes de movimientos sociales visitan las cárceles año a año para llevar una palabra de alivio a los cautivos oprimidos. La “justicia por mano propia” es un recurso severamente penado por la ley. Pero la caída del linchamiento en la escala de valores de las sociedades civilizadas sólo se aplica a la defensa de la vida. Si hablamos del honor, la reputación, el trabajo o las esperanzas de las personas, la regla no funciona: al lapidado no le corresponde la clemencia. Las leyendas que cantaban los juglares, los rumores que propagaban los gentiles, los trascendidos de los mass media o la “post verdad” de las redes sociales condenan sin juicio, y muchas veces sin siquiera el más elemental derecho a defensa, a cualquiera que no profese la misma religión o ideología, o por el simple hecho de que disgusta la cara del acusado. No importa si los hechos son o no corroborados. El linchamiento no requiere proceso de comprobación de una verdad. El pueblo acude a las redes para apedrear al reo hasta su muerte pública. Los sospechosos no vuelven a gozar de la más mínima consideración. No pueden reinsertarse en ningún trabajo y mucho menos aspirar a recuperar sus actividades sociales. Pedir perdón representa sólo la confesión de un delito y perdonar es cosa de débiles que no quieren “hacer justicia”. Y a las cárceles a donde van a parar los condenados en Facebook no las visita nadie.