¿Y SI MESSI FUESE HOMBRE?

25/06/2018

 

¿Argentina le puede ganar a Nigeria y clasificarse? Sí. ¿Tiene lo suficiente para hacerlo? No sé. ¿Le sobra? Nada.
Hay imponderables. Un penal al comienzo, un gol en contra, una expulsión, una lesión inoportuna. Cualquiera de estos azares puede modificar el curso de un partido.
Pero es en el análisis lógico donde tropezamos. A saber. El último partido que jugamos aceptablemente bien en un mundial fue Argentina 1 Bélgica 0 en cuartos de Brasil. Hemos hecho sólo ocho goles en tiempo reglamentario en los últimos diez partidos mundialistas (consuelo, tres de esos se lo hicimos a Nigeria). Fuimos uno de los equipos menos goleadores de la eliminatoria sudamericana y al parecer vamos a salir a la cancha con el mismo equipo de todos estos años (o muy parecido).
Sampaoli ha llevado al campeonato más importante del mundo a dos jugadores lesionados (Agüero y Biglia), uno casi (Mercado), dos en el ocaso de su carrera (Mascherano y Caballero) y varios que están en el declive (Di María, Higuaín, Biglia, Enzo Pérez). Los jóvenes, o no son titulares o directamente no juegan (Lo Celso, Pavón, Dybala), con excepción de Tagliafico. Es el equipo de mayor edad promedio del campeonato.
Aun así pueden ganar. Ahora, los jugadores deberían rendir más de los que han rendido en la selección en los últimos cuatro años y más de lo que vienen rindiendo en sus propios clubes. De los supuestos titulares contra Nigeria, sólo cinco son inamovibles en la formación inicial de sus equipos de origen, incluyendo a Mascherano en China. Deberíamos contar también con que Nigeria esté por debajo, o al menos al mismo nivel que en su presentación frente a Croacia. 
El fútbol está lleno de imponderables, pero si de ponderación se trata, NO somos candidatos a clasificar. Con el bajísimo nivel que tenemos podemos aspirar a un golpe del destino, a un día superdotado de Messi, pero con eso no podemos ir más allá de cuartos de final, con suerte.
Excepción hecha de los nombrados Lo Celso, Dybala y Pavón, con el agregado, quizás, del propio Messi, ninguno de los muchachos del plantel puede albergar la más mínima esperanza de continuar en la selección después del mundial. Será pues la última (o una de las últimas) batallas de un ejército cansado y con una motivación muy mezquina: la revancha grupal.
Hay algo que sabemos. Sampaoli no estudia rivales ni planifica partidos. Lo dice en su libro. Y no creo que los jugadores que parecen compartir el mando se hayan puesto a estudiar nigeriano básico en estos días. Saldrán a la cancha y, si están iluminados como no han estado en todo este tiempo, quizás ganen.
PERO DEJEMOS DE JODER A MESSI
Por un momento supongamos que Lionel Messi tiene una anatomía dotada de un esqueleto, músculos, articulaciones, vísceras, terminales nerviosas para captar estímulos y neuronas que a través de impulsos electroquímicos convierten esos estímulos en sensaciones en un órgano llamado cerebro. Por un momento supongamos, entonces, que Messi es un ser humano.
Supongamos que puede estar triste, deprimido o feliz como cualquiera, que tendrá días malos y buenos, que será tímido o extrovertido, no le gustará bailar y capaz que canta cumbia en los cumpleaños. O que no, que le da vergüenza cantar y por eso no canta el himno, o no puede entonar bien el ohohoho oh oh ohoho. 
Supongamos que, como los seres humanos, tiene una carga genética y un aprendizaje cultural en los primeros años de vida de los que no se puede desligar. A las personas, a cierta edad, por más que tengan el deseo, les suele resultar imposible cambiar su personalidad.
Supongamos, además, que Messi es un ser humano con cierto talento para jugar al fútbol. Normalmente la gente talentosa suele ser desobediente con las reglas, algo rebelde con la autoridad y suele fastidiarse bastante cuando sus compañeros no resuelven bien lo que a ellos les parece muy sencillo. Y como estamos suponiendo que se trata de un ser humano, tendrá opiniones sobre las cosas y las personas. Tirado en la cama de la concentración compartirá con Agüero si Sampaoli hizo mal bien los cambios, dirá que él hubiera puesto a este o aquel, y si sus opiniones son parecidas a las de millones de argentinos, estará harto de las idas y vueltas de Sampaoli. Quizás, como ser humano que es, como usted hace sobre su jefe o compañero de trabajo, Messi habla de Sampaoli y de Caballero y de Pavón, con sus amigos. Supongamos entonces, que lo que llamamos “camarilla” o “club de amigos”, son simples opiniones de un ser humano talentoso.
Y si Messi fuera un ser humano que tiene derecho a pensar, a sentir, a rascarse la cabeza, capaz que no resulta culpable de nuestras frustraciones colectivas. Capaz que no es Messi el responsable de que pongamos todas nuestras esperanzas de progreso en un mundial de fútbol. Al fin y al cabo no había nacido cuando le ganamos a los ingleses en México y creímos que nos estábamos vengando de Malvinas. El que no salta es un inglés, el que no salta es un inglés.
Quizás, el hombre que es Messi no sea culpable de que deseemos con todos nuestros corazones que gane la selección y nos saque la mufa de la vida cotidiana, y convierta nuestra realidad en algo más llevadero y nuestra felicidad en un objetivo posible. 
Quizás Lionel Andrés Messi Cuccittini, nacido en Rosario el 24 de junio de 1987 bajo el signo de cáncer, es sólo una persona que juega muy bien al fútbol, mejor o peor que Maradona, mejor o peor que Cristiano Ronaldo, según quien lo mire y juzgue.
Yo, que declaro que Lionel Messi es el mejor futbolista que he visto en mi vida, y que me importan un carajo los dólares que gana, porque pago con gusto el cable para verlo jugar, declaro también que el día que ya no me guste verlo quizás le dé de baja a mi abono y dejaré de comprar camisetas del Barcelona o la selección, y como quizás muchos hagan lo mismo que yo el negocio se le venga abajo y los billetes vayan a parar a Neymar o Harry Kane. 
Pido solemnemente que le dejemos de romper las pelotas al pobre pibe diagnosticándole depresión, metiéndonos en si la mujer lo quiere o no lo quiere, si se rasca la cabeza cuando canta el himno o criticando que no es de gritar en el vestuario como gritaba el Diego. Que sea como él quiere o pueda, que con eso ya tendrá suficiente.
Mientras tanto digo que ojalá mañana se inspire, le meta tres a Nigeria y nos clasifique a octavos. Y si no lo hace, si vuelve a deambular la cancha como contra Croacia, lo lamentaré, me amargaré un rato (tal vez largo), pero no dejaré de pensar que en mi existencia de medio siglo he tenido la enorme fortuna de haber visto a Messi y a Maradona en una cancha de fútbol.

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