EL AFECTO EN TIEMPOS DE WHATSAPP

09/08/2018

 

 

Mail de tía Elda, recibido anoche a las 11.
Querido sobrino, espero que no me hagas opinar sobre el senado y el aborto porque esto tiene un final anunciado. Nos guste o no nos guste, más tarde o más temprano, se va a aprobar una ley que contemple el aborto. Hoy la gente no está preparada para eso, o como le dicen los políticos, “la sociedad no está madura todavía”, pero va a ocurrir. El mundo camina hacia eso. Puede demorarse, detenerse, incluso dar alguna marcha atrás, pero finalmente va a llegar a donde quiere, incluso pese a los hombres.
Quería decirte cosas sobre el cariño, sobre el afecto. Porque me emocioné mucho con la entrevista a Brandoni que me mandaste. Primero porque siempre me pareció un actor con mayúsculas, y después porque me hace acordar a tu tío Cacho. Además tiene toda la razón. En nuestra época podía decirse que entre familiares no había que hablar de política o religión, pero eso era folclore puro. Igual se hablaba, se discutía, hasta terminábamos peleados con alguno y pasábamos algunos días sin hablarnos, pero jamás perdíamos el afecto. Jamás le retirábamos nuestros sentimientos a un pariente, un amigo, por más en desacuerdo que estuviéramos.
Ahora no, una amistad de toda la vida se puede romper porque uno piensa que Cristina es una ladrona y el otro que es una heroína. 
Un poco por eso de la política, otro por la tecnología que cada vez nos deja tocarnos menos, lo cierto es que la gente ya no se quiere como antes. Es más fría, más distante. Como dice Brandoni, tu tío Cacho escribía cartas y en cada una empezaba diciendo “espero que estén bien”. Por whatsapp ya no se tienen esos deseos. A veces ni siquiera se saluda y pocos se despiden con un “te quiero mucho”. Y vos sabés mejor que nadie, sobrino, porque estudiaste la comunicación de la gente, que se empieza por no decir las cosas y se termina por no sentirlas. 
Todo eso me importa, sobrino. Las leyes dependen de la demagogia de los políticos que votan siempre según su conveniencia personal. Pero nadie va a discutir una ley sobre los afectos en el Congreso de la Nación. 
Sé que soy una vieja todavía ingenua, y que no tengo autoridad moral para decir esto porque soy más bien huraña y a esta altura no me doy mucho con la gente, pero quiero que vuelvan las épocas en que pelearnos por cualquier tema no significaba nada más que un disgusto momentáneo porque nunca, nunca, dejábamos de querernos.

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