Perdones que no se aceptan

El gobernador de Santiago del Estero pidió disculpas. Hay disculpas que indignan. Entristecen. Lo hizo varios días después de que las redes mostraran al mundo un acto de crueldad incompatible con la sensibilidad humana. Los controles limítrofes de su policía obligaron a un padre y una madre a caminar cinco kilómetros con su hija en brazos para llevarla a su casa porque no los dejaban pasar con el auto. Abigail tiene doce años y un cáncer por el que la atendieron en Tucumán.

El gobernador de Santiago no reaccionó como casi todas las personas que vieron el video. No reaccionó ante el dolor, la incomprensión, la injusticia. Reaccionó ante las encuestas. Ante la reacción de los demás. Su conmoción sobrevino de saber que el país entero se indignaba con él. Por eso es inválido su perdón. Porque exuda hipocresía. Cientos de santiagueños pasaron por circunstancias similares y Zamora no movió un dedo.

En Formosa pasa algo similar. Un hombre murió ahogado queriendo llegar a su tierra. A otro le fue concedido un permiso de visita cuando el familiar había muerto semanas antes. Decenas fueron detenidos por delitos tan tremendos como ir a correr al parque. Siete mil formoseños pugnan por volver a sus hogares. Algunos desde hace meses. El gobernador Insfrán no los deja entrar. Alega cuidado de la salud. Según datos del INDEC, gobierna una provincia en la que la mitad de la población es pobre o indigente. Y algo aún peor. Su distrito, que conduce con mano feudal desde hace 25 años, ostenta el orgulloso sitial de tener la mayor tasa de mortalidad infantil de la Argentina. Curiosa manera de cuidar a sus ciudadanos.

Formosa y Santiago del Estero comparten otro privilegio. Son dos de las tres provincias que generan menos recursos para sobrevivir por sí mismas. Necesitan que el estado nacional aporte el 90 por ciento de sus ingresos. Si esto se mantuviera, podrían estar cerradas toda la vida. Impedirles el paso por siempre a Abigail y a miles de varados que no puede regresar a sus casas.

El caso de Gerardo Zamora tiene además las aristas del dispendio. Con el dinero de los contribuyentes de todo el país, construyó el estadio de fútbol más moderno del país, a un costo de aproximadamente 60 millones de dólares, uno de los pocos campos públicos de golf del país y un autódromo internacional. Zamora, que a diferencia de Insfrán es de origen radical, usó todo su ingenio político para llevarse bien, más que bien, con el presidente de turno desde que él (o su esposa) es gobernador. Esto es 2005.

A su modo, gobiernos como los de Zamora e Insfrán atrasan 170 años. En 1852 Juan Bautista Alberdi escribió en contra de la reelección indefinida con argumentos que penosamente necesitan repetirse: “La reelección desnaturaliza el gobierno republicano porque de algún modo introduce algo de los gobiernos monárquicos: la perpetuidad del poder en manos de un mismo gobernante (…) La prohibición de ser reelegidos indefinidamente constituye uno de los frenos primordiales para combatir los abusos del poder, sobre todo ante la ausencia de controles institucionales eficientes para evitar la arbitrariedad”.

Abigail tiene cáncer y el papá la sostiene en brazos cinco kilómetros porque el sistema de imposiciones perdió el corazón. Siete mil formoseños esperan apiñados y a la intemperie que la Corte Suprema o Insfrán o el rey Arturo los dejen entrar a sus casas. Arbitrariedad, abusos de poder, gobiernos monárquicos. Que no se levante Alberdi de la tumba.

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